viernes, 24 de febrero de 2023

Viernes. Me entregan mi auto nuevo. En teoría. Y si no es hoy, será el próximo lunes. El hecho no reviste ninguna importancia literaria, pero aleja la muerte y su guadaña, la relativiza. El capitalismo y su anestesia ontológica. Por eso funciona.

En la madrugada soñé con mi amigo esepé. Los detalles del sueño me son muy emotivos pero carecerían de peso y volumen en el conocimiento público. El amor sin contexto no significa nada. Y los afectos propios se sostienen (y explican) en relación directa con nuestro mundo personal e interior. Por eso no es recomendable relatar sueños en hipotéticos diarios. Tus lectores se aburrirían muchísimo. Sin embargo, si pudiésemos pensar en el misterio que permite, incluso en sueños, querernos mutuamente, arrojar una lágrima en homenaje a otro corazón, admirar existencias ajenas, ese plano general del cariño humano quizá nos diese el suficiente contexto, o perspectiva, algo más de espacio para comprender el sentimiento secreto, único, la belleza siempre en clave de los sueños.

El párrafo anterior es una pretenciosa mierda. Escribo con la petulante altanería de un conservador, como el burgués del orto que debo ser.

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