Hoy estoy leyendo a otros. Lo hago en mi celular, pues hace tiempo decidí regalar mi biblioteca de papel. En la última mudanza, mi hijastro se llevó casi todos los libros a su casa, con una avidez admirable por el conocimiento físico-analógico que produce la imprenta y sus dérmicas complacencias. No es que yo sea estrictamente ecologista, aunque me he dado cuenta que abogo por una cierta postergación de la catástrofe humana a través de mínimos gestos en favor del medio ambiente. Creo que más que ecologista, uno es alguien que intenta pasar lo más desapercibido posible al enojo del universo.
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