Con pocas ganas de escribir. La imaginación queda lejos. Como la voluntad. Sólo para decir que abandoné el proyecto musical que sostenía en varias plataformas de internet, donando toneladas de mi tiempo a la recopilación de material, software, librerías de audio, tutoriales y demás. Les envié un mensaje cortito a los miembros de la comunidad (más de 8000 personas), esquivando las razones principales de mi decisión. Todos sorprendidos, incrédulos, más o menos como me imagino las caras de la gente ante la inminencia del apocalipsis.
Confieso que me cuesta amar a los demás, que ya no los siento tan merecedores de cariño. En estos años que ejercí mi “ortopédica” filantropía (porque nunca estuvo exenta de solapados egoísmos), he visto gente muy caradura fingiendo insolvencia, haciendo abuso de los recursos compartidos, suplicando por programas que costaban monedas si los contrastabas con las todopoderosas MACs con las que luego hacían gala sus estudios de audio. Una vergüenza. Cada vez que alguien me preguntaba por qué hacía ese trabajo, por qué le ponía tanta dedicación a una actividad que no me devolvía un solo peso, yo contestaba que la vida me había dado mucho, que le debía otro tanto, que había tenido grandes maestros que, desinteresadamente, pusieron en mí conocimiento y solidaridad. Y yo, ahora, devolvía. Todas mentiras. La vida que he tenido siempre estuvo más cerca del desamparo que de la contención. Fue un páramo de hostilidades e indiferencias. No: lo que hice fue hecho por fe. Para evitar la inenarrable soledad. Un último acto reflejo antes del salto al vacío… Ops.
No hay comentarios:
Publicar un comentario